Relato de hace muuucho​

Personalmente me hacía ilusión subir este relato corto al blog. Aunque somos dos cerebros pensantes y dos personas vivientes en éste proyecto, este es un relato que escribí hace la friolera de nueve o diez años, y sí, es una basura de relato y tiene mucho que pulir y mucho que cambiar, pero le tengo mucho cariño. Así que he decidido subirlo y ya está, tal cual, sin pulir y sin editar.

Había una vez un cocodrilo que intentó salir por la taza del servicio de señoras de una pequeña ciudad….

Mierda…me e vuelto a equivocar de historia…no, no es otro cuento para niños con final feliz, esta narración no tiene esas características lo siento, podéis dejar la lectura si queréis.

Esta historia comienza el día en el que me mudé a este nuevo lugar…no me gustaba mi antigua casa, así que decidí cambiar un poco de ambiente y hacer una locura. ¡Ahh! Perdonadme, ha sido muy mal educado de mi parte no presentarme… me llamo Ametz y solo hago esto, porque necesito llegar a una conclusión, es difícil decidir como hacer lo que más tarde escribiré en estos folios…así que empezaré a escribir la historia, como ya he dicho, desde que llegué a este lugar hasta hoy, así, quizá pueda llegar a una buena conclusión.

Mi trabajo era (y sigue siendo) entrenarme para una competición que tendré en breve, pero eso, me dejaba mucho tiempo libre, por lo que en esos momentos me dedicaba a observar a la gente que paseaba o que se entrenaba en los alrededores de mi nueva casa.

Por aquí, toda la gente que conozco se entrena para esa importantísima competición, desde los más altos y exageradamente delgaduchos, hasta los más bajitos y extremadamente gordos. Daba igual la edad o el sexo, aunque había que tener en cuenta que yo tenía bastante ventaja sobre el resto, puesto que en la ciudad de la que procedo, teníamos más resistencia física que la que puedan tener por aquí.

Mis días eran bastante sencillos, me levantaba a primera hora de la mañana, tomaba un desayuno rico en vitaminas para aguantar bien el día y me iba a correr a un parquecito bastante grande que hay al lado de mi casa. Sobre el medio día, volvía y comía algo ligero, y hacía un poco de ejercicio para bajar la comida. Los días que me sentía con más energía, volvía a salir de mi casa a seguir entrenando, pero esta vez con la bicicleta, y si no, me sentaba en la ventana observando, como ya os he mencionado, a los transeúntes.

Era bastante feliz siguiendo esa rutina, pero poco a poco, empecé a sentir un gran vacío en mi interior. Era horroroso no tener con quien hablar, ni con quien reír…a quien contarle mis batallitas o simplemente a quien dar los buenos días, así que comencé a centrarme un poco más, a raíz que pasaban los días, en una muchacha muy peculiar que entrenaba todos los días enfrente de mi casa, algo muy normal puesto que era mi vecina. Era de mediana estatura, muy risueña, morena y con los ojos tiznados en un verde muy oscuro, sinceramente era una preciosidad de mujer. Cada día pasaba delante de mi casa para hacer su recorrido habitual de entrenamiento y tardaba exactamente media hora en volver, no es que yo no tuviera cosas más importantes que hacer, que esperar a que la muchacha pasará por mi casa, pero me había cautivado de tal manera que no podía parar de mirar al reloj esperando el momento de poder observar aquellos ojos almendrados de nuevo.

Aunque no os lo creáis, sólo veía en ella una muy buena amiga, una persona con la que hablar, con quien reír…lo siento me estoy haciendo repetitivo, pero bueno ya me entendéis, alguien con quien pasar el tiempo muerto. Así que decidí salir a correr un día a la misma hora que ella y hacerme el encontradizo. Era una chica muy simpática, enseguida entablamos una conversación muy interesante sobre los espaguetis con queso, nos encantaban a los dos, ya teníamos algo en común.

Mi rutina cambió aquel día, a partir de ese momento empezamos a hacer más cosas juntos, parecía que a ella también le hacía falta un compañero, y lo acababa de encontrar.

Al cabo de dos semanas, ya lo hacíamos todo juntos: Desayunábamos en la misma cafetería, corríamos en la misma dirección comentando cosas de interés mutuo, comíamos en mi casa la mayoría de las veces, aunque había excepciones en las que teníamos que comer con sus padres, a los que por cierto tengo mucho aprecio.

Hay que tener en cuenta que yo no compartía mi hogar con nadie por lo que teníamos tiempo de estar solos si nos quedábamos en casa. Había días que simplemente nos pasábamos el día viendo películas sin salir, comíamos palomitas y jugábamos a juegos de mesa, pero no podíamos permitirnos el lujo de hacer eso muy a menudo, ya que siempre teníamos que estar pendientes de el mantenimiento físico que nos hacía falta para la carrera.

Os voy a contar el día en que me surgió esa duda de la que os e hablado al principio de mi gran historia.

Aquella mañana me levante temprano, como de costumbre, y me fui al encuentro de Laura, que así es como se llama mi nueva amiga. Estaba esperándome en la puerta de la cafetería, para variar, pero esta vez notaba algo raro en su rostro…tenía los ojos más tristes que de costumbre, pero a la vez estaba muy risueña. Opte por no preguntarle nada, ya que aunque era mi mejor amiga y me preocupaba su estado, no me pareció oportuno meterme en sus problemas así que me limité a invitarla a desayunar y hablarle de cualquier otra cosa, pero no aguanté mucho, estaba demasiado distante conmigo y eso me hacía sentirme incomodo, así que le pregunté:

–         Laura, ¿puedo saber si te pasa algo? Te noto muy distante hoy…

–         Pues… en realidad sí – me contestó ella- llevo varios días preocupada por algo, pero no sabía como decírtelo… ¿Has pensado en la competición últimamente?

Esa pregunta me hizo pensar, no, no había pensado en ello, solo me había centrado en pasármelo bien estos últimos días y había dejado a un lado todo lo demás. Así que tras un silencio un tanto incomodo respondí:

–         Pues no, no he pensado en ello, pero no entiendo que tiene eso que ver con tu preocupación…

–         Tiene mucho que ver – me dijo Laura- llevamos muchos años entrenándonos para ello, y… ahora, desde hace unos meses hay algo que me preocupa mucho. Te explico, en poco tiempo te has convertido en mi mejor amigo y aunque sigo queriendo ganar esa carrera, no quiero perderte.

Laura tenía razón, si alguno de los dos ganábamos esa carrera, no volveríamos a vernos nunca, y estaba claro que yo tampoco quería perderla.

–         No te preocupes – le dije- eso no pasará, ya pensaré en algo, déjalo en mis manos.

En ese momento cambiamos de tema, y no se volvió a hablar de ello en todo el día. Desde entonces, intento darle vueltas a la cabeza, intentando encontrar una solución a ese problema y no lo encuentro, entonces he decidido hoy, ponerme a escribir mí historia, a ver si de esta manera consigo aclararme……

CONTINUARÁ…………..

Espero que lo hayáis disfrutado aunque sea un poquito y que me comentéis que os parece. Si os gusta quizá hasta me anime a retomarlo, editarlo un poco… sé que no es del todo un relato corto, puesto que está inconcluso. Pero si gusta prometo plantearme terminarlo.

2 Comentarios

  1. Me e quedado con toda la intriga. Que decidirá… Espero que pronto puedas retomar el relato para descubrir el desenlace!!!!!

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